Pensándote.
15 de diciembre.
Maxilian Ronsbourne, miraba una y otra vez los papeles que aseguraban la pérdida inminente de sus empresas. Tantos años tirados al caño, las predicciones de su padre serían ciertas, él iba ser quien destruiría un patrimonio familiar que tomó a más de 6 generaciones anteriores consolidar. Las fábricas Rounbourne fueron creadas en 1890, habían sobrevivido guerras, incendios y depresiones.
Estaba abrumado, nació y fue criado para esto. Ahora no sabía que iba hacer con el resto de su vida y lo peor era defraudar la confianza de las miles de personas que trabajaban a su lado. Había fallado, era un perdedor, ¿por qué se dejaría seducir por aquel proyecto?
Fue a beber un poco de whisky, aunque ni todo el licor del mundo podía llegar a embrutecerlo lo suficiente como para olvidar sus penas.
Tenía dos caminos, el primero era reducir personal y casi terminar con la totalidad de sus fábricas, intentado salvar todo lo que se pudiese.
El segundo era venderse a la multinacional Trash, casándose con Abigail Trash. Desde que tenía uso de razón ese siempre había sido el deseo de ambas familias, pero prefería la muerte y la ruina financiera que un matrimonio si amor.
Demasiado poético para ser un hombre al que su ex novia no paraba de echarle en cara que tenía un iceberg en lugar de corazón. Maxilian en el fondo era un romántico y un soñador, aunque él mismo no lo supiera, ni lo reconociera.
Mientras bebía miró hacia la ventana, ya habían empezado a poner las decoraciones navideñas, la cuidad destellaba en luces y arreglos, se veía magnifica, tan llena de vida mientras él se sentía muerto.
Sería porque la navidad siempre le recordaba a ella o porque la soledad y la desesperación lo embargaban, pero por un momento fantaseó con la imagen de una mujer rellenita, con dulces y hermosos ojos color chocolate, su olor a vainilla y canela aún lo despertaban en la noche.
Sophie Trensky era un fantasma que le atosigaba en días como este, cuando la esperanza se había terminado. En los momentos en que se sentía vencido y sin ánimo ninguno, ella era la luz al final del camino, el destello que se le escapó entre los dedos.
Terminó de ingerir media botella, para darse valor y asistir al cumpleaños de su anterior novia Eloisa, que le restregaría su fortuna y supuesta felicidad en la cara. Sin ganas salió de la oficina.
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Sophie estaba a punto de cometer asesinato si otra vez se aparecía esa mujer detestable. Era responsable por el postre de esa cena tan costosa, sus Caefus[1] de chocolates estaban a punto para ser metidos al horno. Sonrió satisfecha ni los de su abuela habrían estado tan exquisitos.
Era un milagro que aún pudiese cocinar bien, a pesar de que hace rato que había perdido aquello que la había impulsado cuando niña: la pasión. Sí, la pasión por cocinar, la pasión por encontrar la combinación perfecta, aquel ingrediente que la llevaría a la creación de un plato único.
Una voz ronca y sensual, vino a su memoria.
-Tú eres la clave. Si tan solo pudieras saborear tu piel, encontrarías esa perfección, que tanto buscas.
Otra vez intentó desterrar a Maxilian de sus pensamientos, ¿cuántos años se tardaría para olvidar a su primer amor?
Debía ser que pronto sería navidad y siempre estas fechas sacaban recuerdos que era mejor olvidar.
La voz melosa y falsa de Eloise Borden la trajo nuevamente a su labor. Miró lo que faltaba de hacer para arreglar su plato y se puso manos a la obra.
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Maximilian pasó toda velada intentado descubrir que le había visto a Eloise. Estaba aburrido y desesperado por volver a su casa. Lo primero que haría sería terminarse dos botellas de whisky, cuando sirvieron el postre estaba encantado pronto podría marcharse. Ver los caefus, le trajeron recuerdos que quiso desterrar, eran uno de sus postres favoritos cuando niño.
Probar el primer bocado y sentir como el chocolate se deshacía en la boca junto a las castañas y si no se equivocaba a un poco de manjar. Solo alguien los preparaba de esa manera: Sophie, su corazón latió aceleradamente, se sintió mareado y sin respiración desde hace 5 años, la buscaba, añoraba y pensaba.
¿Estaría en esa casa, podría hablar con ella? Se repetía una y otra vez aquellas interrogantes.
Sophie como siempre fue a mirar si su postre había sido bien recibido. Cuando en medio de los comensales lo distinguió, estaba igual que hace 5 años. Tal vez un poco más flaco y con la mirada más triste y preocupada de lo nunca lo había visto.
Por un momento tuvo la tentación de verlo a la cara y gritarle que lo había olvidado.
Pero ahí teniéndolo tan cerca, solo sentía una alegría difícil de explicar. Por eso lo evadía desde hace tanto tiempo.
Maximilian saboreo el resto de su postre, prometiéndose que encontraría a su creadora. Sophie, se mordió los labios prometiéndose, que evadiría a Maximilian como lo había hecho desde los últimos años.
[1] Caefus: Delicioso postre italiano de chocolate, almendras y azucar, preparados en forma de bolitas y adornados con fideos de chocolate o de azúcar de colores.

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