Desde mi oscura soledad, te esperaré,
desde mi fría estancia, te añoraré,
desde mi eterno exilio, te recordaré.


Sabor a ti - Capitulo Dos

Cena navideña y castigo.

Sophie, miró nuevamente el comedor. Definitivamente era él, su cuerpo se estremeció habían pasado cinco años desde la ultima vez que su corazón latió con tanta fuerza. Se repetía a si misma: “respira”.

Cuando salió de la cena no fue a su casa. Caminó sin sentido hasta que llegó a su oficina. ¿Cuántas veces había pasado por ahí?, ¿cuántas veces había salido llorando por su cobardía? Se preguntó si alguna vez pensó en ella aunque sólo fuese un poquito.

Se quitó los rizos rebeldes de su rostro, resoplando para tener valor y regresar a su estrecho y pobre departamento.

Maximilian, con paciencia, sacó la información de Eloise. Fue al apartamento de Sophie estaba temblando con deseo de verla, a punto de timbrar. Desistió y obedeció el deseo de ella. Cualquier relación entre ellos había terminado hace cinco años.

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16 de diciembre

Maximilian casi llegó tarde a la estación de trenes. Hoy viajaría a su casa, pensar en contarle a su madre lo que estaba pasando a sus fábricas, le aterraba. Pero ya no había otra salida.

Caminó por la estación distraído, se sentó mirando la ventana. A pesar de sus deseos recordó la primera vez que sintió algo por Sophie.

Tenía diez años, ella sólo 5 y había aparecido en la sala como una animalito perdido. Aún recordaba los gritos y de su madre para que se fuera. Pero perder a su principal cocinera, cuando tenía al otro día una gran cena navideña la disuadió.

Mientras su madre se preocupaba por causar buena impresión con sus invitados, Maximilian veía la televisión en su cuarto. Una fuente con frutas y sánduche de queso con jamón sería su cena navideña.

Aburrido fue a la cocina, que estaba en un caos absoluto. Una de las empleadas miraba el pavo y le añadía más licor, otra ponía en una fuente los langostinos a la champaña para la entrada, mientras Sophie lloraba en un rincón.

Aún podía ver su carita sucia, llena de lágrimas. Entró aburrido y un poco hambriento. Por su edad no iba a participar en la cena navideña, era una reunión para los socios de la empresa. Mañana 25 estaría con la familia un rato si su madre no alegaba sus jaquecas y su padre no salía con sus amigos.

Al ver que la niña estaba tan sola como él, se le acercó. Sophie hipó y se limpió el rostro con la manga de su saco. Maximilian con paciencia le ayudó a levantarse, la llevó a lavadero e hizo que se limpiara la cara. Sophie estaba encantada de verlo, enseguida dejó de llorar e intentó hablar con él a pesar de su timidez.

Luego de un rato, mientras los cocineros y sirvientes seguían ocupados, Sophie y Maximilian cenaban en un rincón mirando desde lejos el árbol de navidad. Ambos niños compartían la comida, era la primera vez que el niño, no se sentía solo en navidad. Cuando comían un pedazo de torta de merengue con frutillas, fueron interrumpidos por el ama de llaves: Laura.

Minutos más tarde la mamá de Maximilian lo castigaba sin regalos para el día de mañana El niño estaba furioso, aún no quería dormir, miró a la ventana resignado. Aún se oía abajo la fiesta de su madre.

Se sobresaltó al oír que alguien abría la puerta. Era Sara, con la pequeña que lo puso en problemas, ella llevaba su muñeca con un gran lazo rojo, se acercó temerosa

-Ten es mi mayor tesoro ahora es tuyo. Mi Emi, te cuidara.

Quiso devolverle la muñeca, pero la niña no se lo permitió, horas más tarde meditando en su cama, se dio cuenta que había perdido el corazón.

Maxmilian sacó un trozo de un moño rojo viejo y descolorido, de uno de sus bolsillos y se preguntó:

-¿Sophie que será de ti?

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