Carter King estaba decidido a conseguir un heredero de la misma manera con que había acumulado su fortuna: con una astuta proposición de negocios.
Marly Alcott encabezaba la lista de candidatas para convertirse en su Cenicienta particular: Adoraba a los niños, necesitaba el dinero y parecía ser una persona en la que se podía confiar.
Sin embargo, ¿conseguiría atenerse a la cláusula del contrato que habían firmado y que especificaba que el amor quedaba excluido de su relación?
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